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La Feria del Libro de Madrid nos ha dado este año la oportunidad
de acercarnos a una literatura que, excepción hecha de los Premios Nóbel,
Nadine Gordimer, Wole Soyinka o John M. Coetzee, es casi una desconocida en
nuestro país en el que, desde luego no abundan las traducciones al castellano
de obras de autores africanos.
Junto a los ya conocidos en España, como el nigeriano, Chinua Achebe,
con su obra Todo se derrumba, o el angoleño Pepetela, premio Camoes en
1977, con Mayombé y El tiempo de los flamencos, recientemente
publicada en España, hemos podido conocer a algunos otros autores, como
Jamal Mahjoub, escritor sudanés, residente en Barcelona que ha participado
en la Mesa Redonda organizada por El Pais, el tuareg Ibrahim Al-Koni,
escritor de extensísima obra y merecida fama internacional, que acaba de
publicar en España su libro Oro en Polvo publicado por Galaxia Gutemberg
/ Círculo de Lectores y al autor nubio Idris Ali, consagrado en 1993 con
Dnongala, considerada ese año como la mejor obra extranjera en lengua
inglesa, que presentó en la feria su novela El Nubio, editada por
Icaria/Intermon Oxfam.
También han acudido dos poetas representantes de la Generación de la Amistad
Saharaui: Bahia Mahmud Awah, autor entre otros libros de Versos
refugiados (Universidad Alcalá, 2007), y Ali Salem Iselmu, autor de
La música del Siroco (Um Draiga. Zaragoza, 2007).
El último día, el escritor tuareg Moussa Ag Assarid presentó su libro 'En
el desierto no hay atascos. Un tuareg en la ciudad', publicado por la
editorial Sirpus.
“No sé mi edad: ¡nací
en el desierto del Sahara, sin papeles…!” Así se presenta Moussa Ag Assarid.
Hoy estudia Gestión en la Universidad Montpellier-1 y defiende a los pastores
tuareg. Pero Moussa Ag Assarid, que se define como “musulmán, sin fanatismo”,
es, ante todo, viajero. Nacido en el norte de Mali, hijo de padres nómadas y el
mayor de trece hermanos, el joven escritor tuareg llegó a Francia y cambió los
dromedarios del desierto por el metro. Moussa describe en esta obra su
fascinación y perplejidad ante el mundo occidental que va descubriendo: su
naturaleza, sus habitantes, sus costumbres y tradiciones. Las cosas que le
sorprenden de nuestro mundo occidental y que cuenta en el libro, que para
nosotros forman parte de la más absoluta normalidad, como por ejemplo la cama
de un hotel, “tan grande que podrían dormir en ella todos los niños de mi jaima”,
el milagro del agua que sale de los grifos, la magia de las escaleras mecánicas
o las puertas automáticas, son divertidas y al mismo tiempo enternecedoras” (
De:
www.ferialibromadrid.com)
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