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Nuestra legislación protectora de los menores
de edad, obliga a la Administración a tutelar y atender
a los menores que sin familiares llegan a España,
muchos de ellos por medio de pateras.
El problema que hemos venido denunciando
es la situación de aquellos que o bien han cumplido
dieciocho años antes de que se les permita obtener
un permiso de residencia tras un trámite que dura
nueve meses; o bien desde un primer momento, y en
base a pruebas médicas de dudosa fiabilidad, son catalogados
como mayores de edad.
Estos jóvenes, que no dejan de ser unos
niños perdidos en un mundo que les es ajeno, si bien
mayores conforme a nuestras leyes, pasan a engrosar
las filas de los irregulares sin esperanza de ningún
tipo de legalización.
Al ser mayores de edad, tampoco obtienen
ya ningún tipo de ayuda de las Instituciones públicas
de protección del menor, y sólo asociaciones como
Karibu les acogen en la medidas de sus limitadas posibilidades.
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