LA MUTILACIÓN GENITAL FEMENINA
Francisca Anaya Cintas
Salud Internacional
Título Superior en Enfermería 2003
Universidad de Alicante
Presidenta de la AEC (Asociación de Enfermería Comunitaria)

Fragmento de su trabajo "Plan de Prevención y Erradicación de la Mutilación Genital Femenina en Wajid"

 

 

“Mirar el mundo a través de los ojos de las mujeres no es sólo una cuestión de justicia o de derechos humanos, sino también el camino para promover la paz”. Angela King

"Tenía 10 años cuando mi abuela me dijo que me llevaba al río para realizar una ceremonia de iniciación. Insistió en que cuando terminara me darían muy bien de comer. Yo era muy pequeña y no tenía ni idea de lo que iba a pasarme. Cuando llegué a aquel lugar escondido entre unos matorrales, junto al río, fui desvestida. Me taparon los ojos y me quitaron la ropa completamente. Fui obligada a tumbarme. Cuatro mujeres sujetaban mis extremidades, mientras otra se sentaba en mi pecho para evitar que me moviera. Me colocaron un trozo de tela en la boca, y entonces... me cortaron. El dolor era insoportable. Como me resistía e intentaba levantarme, perdí mucha sangre. Por supuesto, no me dieron ningún tipo de anestesia ni calmante para el dolor. La operación me produjo una hemorragia que me provocó una fuerte anemia. Durante mucho tiempo, cada vez que orinaba me dolía. A veces trataba de aguantar las ganas, por el miedo que me producía el dolor. Sufrí también infecciones vaginales. El corte me lo hicieron con una simple navaja".

Este es el testimonio de Hannah Koroma, una mujer de Sierra Leona que sufrió en sus propias carnes una práctica todavía habitual en muchos países de África: la mutilación genital femenina[1].

Cuatro niñas son mutiladas cada minuto en el mundo [2]. La mutilación Genital femenina (MGF) es quizás una de las violaciones sistemáticas más extendidas de los derechos humanos basadas en el género, que pretenden controlar la sexualidad de la mujer y mermar su autonomía.

El tipo de mutilación, la edad y la manera en que se practica la MGF varían según el grupo étnico, el país, el carácter rural o urbano del área y el origen socioeconómico. La forma más severa de mutilación genital es la infibulación, también denominada "circuncisión faraónica": el procedimiento incluye la “clitoridectomía” (extirpación total o parcial del clítoris), la “excisión” (extirpación de la totalidad o parte de los labios menores) y la “ablación” de los labios mayores para crear superficies en carne viva que después se cosen o se mantienen unidas con el fin de que, al cicatrizar, tapen la vagina. El procedimiento menos extremo consiste en la “ablación del prepucio del clítoris”. El 15% de las mutilaciones genitales que se practican en África son infibulaciones, el resto son clitoridectomías o excisiones.

Generalmente la MGF se lleva a cabo entre los cuatro y lo ocho años, aunque, según la Organización Mundial de la Salud, la media de edad está descendiendo, lo que indica que la práctica está cada vez menos asociada con la iniciación a la edad adulta.

Aunque algunas niñas sufren la mutilación individualmente, normalmente se practica en grupo, especialmente allí donde forma parte de una ceremonia de iniciación. En otros lugares se realiza en grupos de hermanas o parientes o grupos de vecinas.

La persona que realiza la mutilación puede ser una anciana, una partera, una curandera, un barbero, una comadrona,...

Lo más frecuente es que no se tome ninguna medida para reducir el dolor. La mutilación se lleva a cabo utilizando un cristal roto, la tapa de una lata, unas tijeras, la hoja de una navaja u otro instrumento cortante.

La mutilación genital femenina puede provocar y provoca la muerte, pero no sólo eso. Cuando se lleva a cabo produce dolor, conmoción, hemorragias y daños en los órganos que rodean el clítoris y los labios. La utilización del mismo instrumental con muchas niñas puede propagar el VIH. Posteriormente puede provocar retención de orina, hemorragias intermitentes, pequeños tumores del nervio que provocan un intenso dolor. A largo plazo puede ser la causa de infecciones graves y crónicas en el tracto urinario, piedras en la vejiga y uretra, trastornos renales, infecciones del tracto genital por la obstrucción del flujo menstrual, infecciones en la pelvis, infertilidad, tejido cicatrizal excesivo y quistes dermoides. El primer acto sexual sólo puede realizarse tras la dilatación gradual y dolorosa de la abertura que ha quedado tras la mutilación, convirtiéndola en una experiencia extremadamente dolorosa y peligrosa. En algunos casos es necesario practicar una incisión previa. En el parto, la cicatriz que ha quedado puede desgarrarse. A las mujeres que han sufrido infibulación es necesario practicarles un corte para permitir la salida del bebé, pues no disponen apenas de abertura. Tras el alumbramiento, a menudo les vuelven a practicar la infibulación.

A nivel psicológico, la MGF puede ir acompañada de efectos como sentimientos de ansiedad, terror, humillación y traición. La conmoción y el trauma causado por la operación puede contribuir a desarrollar un comportamiento dócil, considerado positivo en las sociedades que la practican. Es posible que una mujer que no se someta a la MGF sufra problemas psicológicos a causa del rechazo social.

Las razones más esgrimidas para justificar esta práctica son la costumbre, la tradición y la religión: la práctica define quién pertenece al grupo. A menudo, la MGF se estima necesaria para que una niña sea plenamente considerada como mujer y la práctica marca la diferenciación de sexos y de papeles en la vida y en el matrimonio. Se cree que incrementa la feminidad, sinónimo de docilidad y obediencia. El control de la sexualidad y de las funciones reproductivas de la mujer es otra de las causas de la MGF. Existe la creencia de que mitiga el deseo sexual de la mujer y, por tanto, reduce las posibilidades de infidelidad. En muchas sociedades es muy difícil, si no imposible, que una mujer se case si no se ha sometido a la mutilación. De ésta depende el honor de toda la familia. Curiosamente la higiene y la limpieza son otras de las razones que se invocan para justificar la MGF: así los términos populares para referirse a la mutilación son sinónimos de purificación o limpieza, incluso en algunas sociedades a las mujeres no mutiladas se las considera poco limpias y no se les deja manipular el agua. Otras creencias mantienen que los genitales femeninos son feos y voluminosos, que pueden crecer y resultarle incómodos colgando, que el clítoris es peligroso y puede provocar la muerte del hombre, si tiene contacto con su pene, o del bebé si lo roza durante el alumbramiento. En algunas sociedades se cree que aumenta la fertilidad o que hace el parto más seguro.

Aunque la práctica de la MGF es anterior al Islam, ha adquirido una dimensión religiosa, invocada en aquellos países musulmanes que la practican. Los líderes islámicos no se muestran unánimes al respecto. El Corán no contiene ningún llamamiento en favor de la mutilación, pero algunos proverbios atribuidos a Mahoma cuentan que, preguntado por la mutilación, el profeta contestó “Reduce pero no destruyas”.

Hoy en día, son numerosas las normas internacionales que instan o exigen a los gobiernos a erradicar la MGF: desde la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Convención de la ONU sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (1981), o sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (1993), la Declaración y Plataforma de Acción de Pekín (1995), la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño, etc. Sin embargo, 135 millones de niñas han sido mutiladas hasta ahora y dos millones más se añaden cada año a esta cifra (unas 6.000 al día). En cuanto a la distribución geográfica de todos los continentes donde se practica, África resulta el más afectado y concretamente Somalia, representa el país con mayor porcentaje a nivel mundial de mujeres y niñas que sufren la mutilación genital (98%).


1. Pérez de las Heras, M. La ablación. OeNeGe (http://perso.wanadoo.es/avgar/ablacion.htm)

2. Amnistía Internacional. La mutilación genital femenina y derechos humanos. En (http://www.a-i.es/infos/mgf/default.shtm)

 

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Francisca Anaya Cintas
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