LAS EMBAJADAS Y SUS CIUDADANOS EMIGRANTES

 

Habitualmente cuando se habla de los extranjeros en España, se hace en relación con las leyes que regulan la inmigración y de los programas de acogida e integración establecidos en España, se habla también con frecuencia, de las causas de la emigración o de las dificultades de los propios inmigrantes en su proceso migratorio, pero no es frecuente abordar el papel que juegan las Representaciones de los Gobiernos de origen y los propios Gobiernos en la realidad de la emigración; papel que, sin embargo, es de capital importancia y puede condicionar totalmente el modo en que el proceso se lleve a cabo.

Tanto en España, como en el resto de países de nuestro entorno, la legislación distingue dos grandes bloques en la inmigración: Primero, la realizada por motivos económicos regida aquí por la Ley Orgánica 2/2000 de 11 de enero sobre “Derechos y Libertades de los Extranjeros en España y su Integración Social”, modificada por la LO 8/2000 de 22 de diciembre, LO 11/2003 de 29 de septiembre y por la LO 14/2003 de 20 de noviembre y su Reglamento Real Decreto 23987/2004 de 30 de diciembre. Segundo la realizada por motivos políticos regulada por la Ley 5/1984 de 28 de marzo, “Reguladora del Derecho de Asilo y la Condición de Refugiado

La mal llamada inmigración económica, no se realiza solo por motivos económicos del propio inmigrante que busca una forma de vida digna para él y su entorno familiar, sino que llega, cada vez mas, para dar respuesta a una serie de necesidades de los países de acogida que carecen de la mano de obra necesaria en algunos sectores indispensables para el desarrollo y el bienestar general. Para esta inmigración se han establecido fórmulas como los contingentes, los cupos o las contrataciones en origen.

Pero también existen aquellos que, al no poder acceder por estos sistemas, vienen por sus propios medios - de muy diferentes maneras: como turistas, a través de otros países, en pateras y cayucos, con la documentación de otras personas- acceden al mercado de trabajo y posteriormente regularizan su situación, como se ha venido haciendo en los últimos años por medio de las regularizaciones y, actualmente, por la vía del arraigo.

Otra realidad es la de aquellos que acceden a nuestro territorio por razones de Asilo y Refugio que responde al amparo establecido en el Convenio de Ginebra del Estatuto del Refugiado, (Ginebra 1951) donde se define la figura del refugiado como “ aquella persona que debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentra fuera del país de nacionalidad y no puede o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país; o que careciendo de nacionalidad y hallándose fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera regresar a él”

En los últimos años, con el objetivo de luchar contra la llegada masiva de inmigrantes y contra las llamadas solicitudes fraudulentas, se ha endurecido la legislación de Asilo y Refugio y las prácticas en su tramitación. En consecuencia, han disminuido las tramitaciones de asilo, han aumentado las resoluciones de no-admisión a trámite y ha habido mas devoluciones inmediatas.

Esto ha tenido como consecuencia el que el 97% de las solicitudes presentadas para la concesión del estatuto de refugiado en 2007, hayan sido denegadas. En el caso de los africanos subsaharianos, la práctica totalidad han sido rechazadas o no resueltas.

La desigualdad de los subsaharianos respecto a otros colectivos de inmigrantes se da también en el caso de las regularizaciones, los cupos y las contrataciones en origen, buena prueba de ello es su escasa presencia en España que supone solo el 3,68% de la totalidad de inmigrantes residentes en España en 2007, según las estadísticas oficiales.

Esta imposibilidad de acceder a nuestro país por las vías legalmente establecidas es lo que está llevando a los subsaharianos a intentar otras formas de acceso como las pateras, los saltos de vallas fronterizas, de polizones, haciendo largos viajes a través de diferentes países y siempre arriesgando la vida, siendo explotado y, en demasiadas ocasiones, perdiendo la vida en el intento. ( Según informe de APDH-A, 921 personas perdieron la vida en 2007 intentando cruzar el Estrecho).

Y una vez aquí, cuando quieren acceder a una regularización por algunas de las escasas vías que en este momento están vigentes, se encuentran con una dificultad añadida que, en numerosas ocasiones, hace imposible el intento.

Nos referimos a la falta de apoyo de sus propias representaciones diplomáticas a la hora de obtener los documentos que se les exigen, así las enormes demoras en la obtención de una Partida de Nacimiento, un Certificado de Penales o cualquier otro documento necesario, están teniendo como consecuencia el que los inmigrantes subsaharianos se estén viendo obligados a tratar de conseguirlos por otras vías diferentes a las Embajadas y Consulados, a través de intermediarios privados que además de cobrar precios exagerados no ofrecen garantías de que realmente vayan a proporcionárselos, ni de que vayan a ser auténticos.

Además a estos grandes retrasos en la tramitación de las solicitudes de documentos, hay que añadir otras dificultades y obstáculos que estas Representaciones Diplomáticas están poniendo a los inmigrantes subsaharianos que tratan de regularizar su situación en España.

Vemos frecuentemente como Gobiernos y Embajadas de otros países plantean al gobierno español reformas y cuestiones en temas de inmigración que se refieren a la presencia de sus ciudadanos en España, a temas de estancia y retorno, reagrupación familiar, envío de remesas de dinero, etc.

Se echa en falta a las representaciones de los gobiernos africanos, planteando cuestiones urgentes que atañen a la vida de sus ciudadanos en nuestro país y a la defensa de sus derechos e intereses. Es el caso de los certificados de penales, la carencia de pasaporte o las partidas de nacimiento, o del reconocimiento de la fecha de nacimiento, o afrontar y agilizar las reagrupaciones familiares, o el de la ayuda para el retorno que algunos africanos quisieran realizar y para lo que no encuentran el apoyo de sus propias embajadas o consulados.

Todo ello son cuestiones que deberían ser tratadas por los representantes de sus países ante la Administración española, a efectos de mejorar la situación de este colectivo que, insistimos, está fuertemente discriminado respecto a otros grupos de inmigrantes.

Los gobiernos de los países de origen debieran ser conscientes de la riqueza que la inmigración está aportando a sus propios países. Es la inmigración la que está provocando posibilidades de desarrollo reales, desconocidas hasta el momento y se ha convertido en una nueva esperanza de desarrollo y bienestar.

Para que esto se produzca de forma efectiva, todo el proceso debe realizarse de la forma mas legal y transparente posible y en ello las representaciones consulares y embajadas tienen un papel esencial y una gran responsabilidad a la hora de posibilitar los medios y recursos necesarios y, en general, prestar apoyo a sus ciudadanos.

Es por medio de las residencias legales y las transacciones legales, como la emigración va a aportar un beneficio a sus países de origen y el inmigrante se verá libre de engaños y explotaciones.

Los Gobiernos africanos subsaharianos tienen que conocer y tener en cuenta, lo que sus ciudadanos sufren y arriesgan al no tener formas legales de acceder a los países donde puedan encontrar trabajo e integrarse. Echamos en falta la voz de los representantes legales de sus países reclamando posibilidades dignas y legales para dar respuesta a la necesidad de las migraciones que favorecen tanto a los países de destino como a los de origen.

Es función de los Gobiernos, así como de las diferentes instituciones y asociaciones, aportar soluciones a las personas inmigrantes. Para que realicen sus desplazamientos sin riesgos, accedan en las mejores condiciones, se realice una integración efectiva y se eliminen todas las formas de engaño, explotación y marginación.

De esta forma el inmigrante dará respuesta a sus necesidades y ayudará a cubrir las necesidades familiares, lo que redundará en beneficio de los países de acogida y de origen y así podrá ver cumplidos sus objetivos.



Madrid, 26 de mayo de 2008

Antonio Díaz de Freijo
Director de la Asociación Karibu
 

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