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LA VARIABLE
CULTURAL
El objetivo primordial de la
educación en las culturas africanas es que el individuo se
integre plenamente en su sociedad, asumiendo desde niño
mayores responsabilidades, dentro de un contexto amplio en
el que todos los miembros de la familia extensa tienen su
lugar, incluidos los antepasados. El sentido de sí mismo no
se logra sin referencia a la comunidad, en la que todos los
sujetos están interrelacionados y cada uno actúa en el rol
asignado. El individualismo no se fomenta y el individuo en
solitario no tiene razón de ser. Teniendo en cuenta lo
anterior, ¿qué le sucede a un africano cuando arriba a
España?
En los primeros momentos puede
experimentar alivio y euforia por el aparente logro de sus
propósitos, que poco a poco van siendo sustituidos por una
sensación de confusión y extrañamiento. Sufre cambios
aculturativos porque no se reconoce en los nuevos referentes
culturales. Todo cuanto le rodea es distinto: la lengua, los
olores, los sabores, el clima, las personas, las costumbres…
Se encuentra desorientado y confundido y, con frecuencia, es
objeto de rechazo debido al color de su piel, a su religión
o a su aspecto físico. Para superarlo se esfuerza
denodadamente por entender, por adaptarse, tratando de
adoptar y asimilar las nuevas costumbres y distanciándose de
las de su lugar de origen. Ese esfuerzo le provoca, por un
lado, una respuesta de estrés, variable según las
personas, y dolor. Dolor por el desgarro y por la
ruptura con lo familiar. La negación del dolor tiende a que
éste se incremente situándolo en un círculo que aumenta su
vulnerabilidad. A mayor vulnerabilidad, mayor probabilidad
de sufrir desequilibrios emocionales o enfermedades mentales
y físicas.
En África no hay una acusada
diferenciación entre mente y cuerpo, el individuo es un todo
integrado, lo que implica una menor conciencia de las
propias respuestas emocionales, que hace que el cuerpo se
convierta en vehículo de expresión. En situaciones de gran
estrés pueden aparecer síntomas psicosomáticos
característicos: cefaleas, astenia, insomnio, prurito,
dolores osteoarticulares, trastornos gastrointestinales,
depresión, que deben ser examinados cuidadosamente para
detectar si son consecuencia del modo en que el individuo
intenta hacer frente a las dificultades que está
experimentando por adaptarse a la nueva situación.
Aquellos que llegan tras un
largo viaje atravesando diferentes países durante meses o
años y que en el periplo sufrieron múltiples avatares de
carácter traumático tienden a recordar la experiencia de
modo obsesivo, lo que les provoca intensos sentimientos de
angustia, ansiedad, pesadillas y pensamientos negativos
recurrentes, sentimientos muy disruptivos que suelen
manifestarse como síntomas somáticos. Detectar esas
experiencias y ayudarles a expresar lo vivido es de suma
importancia para reestructurar su equilibrio emocional, así
como para que comprendan que lo que les está sucediendo
tiene una razón de ser y no se debe a otros factores de tipo
mágico.
Si además hay antecedentes de
enfermedad mental o cierta predisposición, la vulnerabilidad
es extrema. La inmigración es un factor de alto riesgo para
la salud mental.
Cuando la persona que llega a
nuestro país ha sido precedida por familiares o amigos, el
duelo es relativamente breve, porque alguien les ha abierto
el camino y la adaptación es más sencilla.
El duelo se complica si el
individuo está solo, no encuentra trabajo, no tiene donde
alojarse ni qué comer y, aún más, si se siente responsable
por que los que ha dejado en casa esperan su ayuda. Ante
estas circunstancias se pueden dar manifestaciones de rabia
y cólera, pero también de gran ansiedad, presentándose en
ocasiones conductas regresivas a actitudes infantiles o de
victimismo. El consumo de alcohol o de drogas como modo de
evitar afrontar la situación puede ponerlos en riesgo
extremo de exclusión social.
Un abordaje multidisciplinar
que aúne la atención médica y psicoterapéutica, que facilite
ayuda material básica e inmediata, oriente en la búsqueda de
empleo y en la adaptación al nuevo entorno, es absolutamente
imprescindible para ayudarle a alcanzar de nuevo el
equilibrio. Todo esto tiene un efecto terapéutico añadido:
sabe que no está solo en un medio nuevo y hostil, y que es
escuchado y atendido.
Según una concepción
cósmico-religiosa para muchos africanos el trabajo es básico
en la vida humana y se deriva de Dios. La imposibilidad de
conseguir un empleo se suma al malestar y podría ser
entendido como un castigo divino.
En el caso de las mujeres, a
las manifestaciones somáticas generales se pueden añadir las
que tienen que ver con el género: riesgo de embarazo,
explotación sexual, sida, sometimiento al marido y a otros
varones, relaciones jerarquizadas en las que los jóvenes y
las mujeres se sitúan en lo más bajo de la pirámide social.
En algunos casos pueden superponerse distintos duelos, una
depresión postparto y el duelo migratorio. La imposibilidad
de incorporarse a un trabajo por estar dedicadas a los hijos
pequeños hace más complicado el comienzo de una integración
imprescindible.
Toda atención biopsicosocial
debería tomar en consideración todas las variables en un
escenario de aceptación incondicional y de respeto a la
dignidad del individuo desde un abordaje específico
de esta población. Es indispensable desarrollar la
creatividad y abrir el corazón, potenciando su gran
capacidad de lucha y su enorme afán de logro, pues no en
vano la mayoría de los que llegan son los más fuertes.
Capacidad de lucha y afán de logro que debemos recibir con
los brazos abiertos porque pueden suponer un soplo de aire
fresco en nuestras anquilosadas sociedades afluentes.
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